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16 de abril de 2009

La globalización hace estragos en el empleo en todo el mundo: de la banca al café

La globalización ha convertido a la crisis financiera, que estalló en el verano de 2007, en una crisis de empleo. De hecho, el director general de la Organización Internacional del Trabajo (OI), Juan Somavia, ha pedido encarecidamente un pacto mundial en favor del empleo, que impida que la crisis de trabajo se prolongue en el tiempo y evite un incremento de la pobreza.

¿Pero qué ha pasado para que se pase de las hipotecas 'subprime' a una oleada de despidos sin igual? La respuesta, de nuevo, es la tan manida globalización. La crisis financiera provocada por las hipotecas basura generó la quiebra técnica de los principales bancos de inversión estadounidenses y con ellas miles de trabajadores se quedaron en paro. La desaparición de Lehman Brothers, por ejemplo, arrojó 13.400 desempleados, mientras que la de Bear Stearns y la de Morgan Stanley, otros 9.200 cada uno. Asimismo, Merrill Lynch se deshizo de 6.100 trabajdores y JP Morgan, de 7.100.

El 'tsunami' financiero barrió por completo las perspectivas de las grandes empresas. Citigroup anunció 50.000 depidos, Bank of America, 7.500, Washington Mutual, otros 9.200. Con todos estos gigantes e Wall Street en el paro, su nivel de vida y, por lo tanto el consumo, se resiente. Empiezan a prescindir del café del Starbucks, que se ve obligado a mandar a casa a 6.700 trabajadores. La tarjeta de crédito ni tocarla: American Express despide a 7.000 empleados.

Según un cálculo de la OIT, entre agosto de 2007 y febrero de 2009 se han producido más de 325.000 despidos en el sector financiero.
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El 60% de la población activa mundial trabaja sin contrato ni prestaciones sociales, según la OCDE

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) alerta de que 1.800 millones de personas, es decir el 60% de la población activa mundial, trabaja sin contrato de trabajo ni prestaciones sociales, una cifra que podría aumentar hasta los dos tercios de la población activa en 2020, según un estudio elaborado por el organismo sobre empleo informal en los países en vías de desarrollo.

La OCDE advierte, además, de que esta tasa podría incrementarse si la crisis económica conlleva pérdidas de empleo más importantes y si los inmigrantes que vuelven a sus países de origen aceptan empleos en el sector informal.

«El trabajo informal alcanza niveles récord en el mundo con consecuencias graves para la pobreza en los países en desarrollo», indica el estudio, en el que se pone de relieve que, en estos países, donde no existe la prestación por desempleo, los parados se ven obligados a aceptar empleos informales mal remunerados y sin protección social, lo que les expone a un «alto riesgo».
Según Johannes Jütting, uno de los autores del documento, «incluso en periodos de expansión, con grandes tasas de crecimiento en muchos países en desarrollo, el empleo informal ha aumentado en algunas regiones», como es el caso de la Indida, donde a pesar de haber tenido un crecimiento por encima del 5% anual, nueve de cada diez trabajadores carece de seguridad social formal.

La OCDE señala también que los más vulnerables por el aumento del empleo informal serán las mujeres --que siguen siendo las más afectadas por el empleo precario-- los jóvenes y las personas mayores. Así, recuerda que la mayoría de los los 1.400 millones de pobres que hay en el mundo cuentan tan sólo con el trabajo para sobrevivir.

Por otra parte, los salarios bajos y la ausencia de protección social reducen las posibilidades de alcanzar los Objetivos del Milenio para disminuir la pobreza a la mitad antes de 2015.

27 de marzo de 2009

Rato: esta no es una crisis cíclica, sino un cambio en la globalización

El ex director gerente del Fondo Monetario Internacional Rodrigo Rato ha asegurado hoy que "no estamos ante una crisis cíclica, sino ante una transformación de la globalización".
"Vamos hacia una nueva globalización", que no tiene por qué ser necesariamente "peor, sino distinta" a la actual, ha añadido Rodrigo Rato durante una conferencia en Valladolid.
Rato ha pronunciado una conferencia sobre "La economía mundial: cambio de modelo", dentro del ciclo Espacio Empresas que organiza la entidad financiera Caja España.
El también ex ministro de Economía ha apuntado que "no vamos hacia atrás", porque cuando se supere la actual crisis económica el escenario no será el mismo que cuando comenzó.
"No existen cambios económicos, sino sociales", ya que "cuando cambia la sociedad, cambia la política económica", ha argumentado.
El proceso de cambio, a su juicio, "será largo" y desembocará en un escenario distinto al actual, por lo que es necesario un debate social sobre las soluciones a la crisis y el modelo de futuro.
Por ello, el "proteccionismo" de algunos gobiernos hacia sus economías "no es un buen camino", y en la próxima reunión del G-20, prevista en Londres el 2 de abril, se deberían evitar "distorsiones a la competencia" entre países.
Rodrigo Rato ha considerado que, por contra, los países más potentes económicamente deberían coordinar políticas comunes y "la mejor medida concreta" es la liberalización prevista en la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio.
"El sistema de mercado es mejor que el dirigista estatal", ha aseverado.
Asimismo, ha afirmado que no es conveniente la "inestabilidad" de monedas de referencia como el dólar, que conlleva "exportar la crisis a los demás", lo que en su opinión "es muy peligroso".
Rato ha alertado también de que "no se va a resolver la crisis a base de grandes cantidades de dinero público" solamente, con las que además "tenemos que ser muy efectivos, porque no son eternas en tiempo ni en volumen".
Al respecto, ha indicado que "no todo el gasto es útil" y además "es muy costoso", por lo que son necesarias reformas estructurales, y no solo ayudas públicas.
El ex director gerente del Fondo Monetario Internacional ha declarado que la crisis estalló en agosto de 2007, se incrementó en 2008 con "una pérdida de confianza" en el sistema financiero internacional "que aún no hemos recuperado", y en 2009 se encuentra en una "tercera fase" en la que esa pérdida de confianza se traslada a la economía "real" de cada país.
La crisis puede conllevar una pérdida de riqueza en todo el mundo de entre 24 y 50 billones de dólares (18 y 37,6 billones de euros, aproximadamente), ha agregado.
"Estamos en la tormenta perfecta" en cuando a la coyuntura económica internacional, como a su juicio demuestran numerosos indicadores, y además se han cometido "abusos y errores" en la gestión de la crisis, ha manifestado.
Entre estos errores, ha citado el que se haya confiado en una "autorregulación" del sistema financiero, el aumento de la reservas en bancos centrales en detrimento de la inversión y el incremento del déficit exterior o de la deuda pública.

Respuesta progresista para la crisis global

El mundo enfrenta hoy uno de los desafíos políticos más serios de su historia moderna. Asistimos a la combinación de la peor recesión internacional desde hace más de medio siglo, con una crisis ambiental sin precedentes debido al cambio climático y el calentamiento global, y una crisis de liderazgo político global.
Sin embargo, no estamos ante una situación sin salida. Por el contrario, estamos también ante una oportunidad sin precedentes para cambiar el rumbo de la historia, por lo que somos numerosos los líderes internacionales que nos estamos movilizando, entre los cuales algunos nos reuniremos este fin de semana en Chile para promover una respuesta progresista a la crisis global.

La crisis se debe a que, a pesar de que vivimos en una era de completa interdependencia entre lo nacional y lo global, la comunidad internacional no ha sabido o no ha querido construir los acuerdos necesarios para dar gobernabilidad a la globalización, creyendo que los mercados nacionales y globales podían funcionar sin regulaciones poderosas, o que el mundo podía ser gobernado unilateralmente por la voluntad del más fuerte. De esta manera, el interés privado de unos pocos terminó imponiéndose sobre el interés general de la humanidad.

La crisis puede ser encarada, entonces, como una gran oportunidad para sentar las bases de una segunda etapa de la globalización. Una era marcada por la prosperidad de todos y no sólo de algunos; por la voluntad de concordar y respetar reglas claras, adoptadas multilateral y democráticamente; por mercados más abiertos, dinámicos y vigorosos; con Estados fuertes; una era construida sobre un paradigma económico sustentable.

Por sobre todas las cosas, la crisis nos ofrece una oportunidad histórica para reinstalar la política y lo público en el centro del quehacer internacional. Podemos forjar un nuevo contrato social global, porque el siglo XXI o lo gobernaremos entre todos, o no lo gobernará nadie.

La próxima reunión del G-20 será decisiva en este esfuerzo, pero es necesario un esfuerzo aún más ambicioso. Una respuesta política a la crisis exige un conjunto equilibrado de políticas públicas globales que estabilicen el sistema financiero y reactiven la economía; pero que también prioricen la creación de empleo y eviten un desplome social global fortaleciendo la protección social; que aseguren una recuperación verde, y aceleren el tránsito hacia una economía menos contaminante que detenga el calentamiento global.

De la reunión del G-20 debe resultar una rápida coordinación de las políticas fiscales indispensables para contener el colapso de la demanda mundial. Si no hay coordinación, arriesgamos un empeoramiento de los desequilibrios de cuenta corriente que contribuyeron a la crisis y una creciente demanda por un mayor proteccionismo, lo que profundizaría y prolongaría aún más la recesión. También es necesaria una profunda reforma del Fondo Monetario Internacional, recapitalizarlo y otorgarle una gobernanza más democrática, e inyectar recursos suficientes a los bancos regionales de desarrollo para que sean instrumentos efectivos para enfrentar la crisis en los países que más lo necesitan.

El desplome económico no puede ser seguido por el desplome social. Si no actuamos hoy con una nueva mirada, la crisis profundizará aún más la desigualdad, que la globalización había agudizado en las últimas décadas. No se deben exigir las mismas políticas de ajuste que en décadas anteriores a los países emergentes y en desarrollo, especialmente ante una crisis originada por el mundo desarrollado.

Por el contrario, esta vez es necesario impulsar globalmente políticas contracíclicas que prioricen la creación de empleo y fortalezcan la protección social, y se debe incrementar la cooperación internacional para los países en desarrollo. Es urgente un nuevo ímpetu para lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

La crisis internacional no puede ser tampoco una excusa para detener o postergar la movilización internacional contra el calentamiento global. Es imperativo alcanzar un acuerdo post-Kyoto en la próxima Conferencia de Copenhague de Naciones Unidas.

Pero podemos ir más allá, si modificamos los enfoques de corto plazo y forjamos un nuevo acuerdo ambiental global que siente las bases para una economía global de bajas emisiones. Si no lo hacemos, retardaremos la adopción de las medidas inevitables que deberán ser adoptados en el futuro a un coste económico, ambiental, social y político considerablemente más alto.

La acción para enfrentar el cambio climático puede y debe ser uno de los componentes centrales de la respuesta global a la crisis. Si un porcentaje importante de los trillones de dólares que están siendo movilizados son dirigidos a inversiones en tecnologías limpias, podremos poner en marcha hoy una respuesta internacional que nos permita, simultáneamente, crear empleo decente para millones de personas, disminuir el riesgo ambiental y reducir la pobreza, así como acelerar el paso hacia sociedades más innovadoras y menos dependientes de los combustibles fósiles. En definitiva, podremos encaminar al mundo hacia una recuperación verde y ahorrarnos décadas de lucha contra el cambio climático.